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Apéndices sudados, flojetes,
pasta de mami jitada en su suéter,
tenso en calma, catéterariete
de bombas y en el éter
la letra. La basca alborota.
Abre la boca: la voz no brota,
se ahoga. ¿Qué? ¿De chacota?
¡Bum! El tiempo se agota.
- Se usa apéndices como sinónimo de extremidades para referirse a los brazos y las piernas ("parte del cuerpo animal unida o contigua a otra principal"), y se le aplica el adjetivo "flojo" a ambos, en la forma diminutiva -ete para mantener la rima. A fin de cuentas, si el brazo te pesa es que lo tienes flojo.
- Y ya de paso meto "manos" en la definición de apéndice y digo que están todos sudados. Ya sé que esto puede ser sintetizar y abstraer demasiado, pero va a ser la única forma de seguir en la competición.
Quinta actualización (tras comentarios del OP):
- Cambio "catéter", que no ha tenido mucha aceptación, por ariete ("máquina militar que se empleaba antiguamente para batir puertas o murallas, consistente en una viga larga y muy pesada"). Mantiene la rima asonante y el grupo -ete-. Quitamos la idea visual de "bombas por un tubo" que daba el catéter y plantamos la idea de "soy una máquina de guerra que os va a reventar a bombas".
- Mantengo la idea del "éter", pero explico: la palabra "éter" da una sensación poética de "vacío, olvido". Valga como ejemplo el siguiente texto (negritas mías):
Bárbara sentía su espíritu desprenderse también e incorporarse a aquella reverberación de la tierra en reposo, tan íntimamente ligado a esa tierra, como si le estuviera traspasando en aquellos momentos toda su sangre joven, que huía, que se iba para abajo a teñir las rosas de mañana... La sangre se iba abajo y el espíritu ascendía; ascendía ya sólo atado por aquella vena azul que le temblaba en las sienes... Flotaba ahora aletargado en el éter, ingrávido y libre como una estrella solitaria... De pronto habían desaparecido su fatiga y su impaciencia de un minuto. Tampoco sentía curiosidad, y aunque nada la sujetaba ya al suelo, no pensaba en transponer el umbral de aquella puerta arrancada con fatiga a la tierra y al tiempo.
Dulce María Loynaz, "Jardín. Novela lírica", 1935 (Cuba).